Por
Dayana Natacha Romero Rodríguez
Fotos:
Tomadas de Internet
Los
viajeros asiduos a ómnibus urbanos no me dejarán mentir. Tal vez si es usted
uno de ellos, rememorará al leer estas líneas sus experiencias en la titánica
obra que implica transportarse cada día hacia el centro de trabajo, estudios o cualquier
otro punto de la ciudad.
Al
ineludible acto de compartir el calor de la gente –sobre todo si es tempranito
en la mañana- lo catalogo como una obra
de infinito amor. Y no se extrañe, amor es el único término que logra
abarcar las altas dosis de paciencia, comprensión, ayuda mutua y entendimiento,
necesarios para lidiar cada día con el transporte público.
